Petróleo y geopolítica: cómo se reconfigura la relación entre Venezuela y China Venezuela, EE. UU. y China

La intervención de Estados Unidos en Venezuela introdujo cambios significativos en el equilibrio político y económico de ese país; con impacto directo sobre su relación estratégica con China. El mayor control sobre las exportaciones de crudo —principal eje de ese vínculo— reconfigura el comercio energético y condiciona la capacidad venezolana de sostener un intercambio diversificado. El nuevo escenario plantea desafíos para China, en términos de abastecimiento y financiamiento, al tiempo que refleja una dinámica geopolítica más amplia en América Latina, marcada por la creciente competencia entre las principales potencias globales.

Pamela Evangelina Rosacha

2/2/20262 min read

Petróleo y geopolítica: cómo se reconfigura la relación entre Venezuela y China

Venezuela, EE. UU. y China: el reordenamiento estratégico en América Latina

Tras la operación militar de Estados Unidos en Venezuela en enero de 2026 y la captura del presidente Nicolás Maduro, el escenario político y económico del país caribeño se reconfiguró de manera abrupta. En este nuevo contexto, surge una pregunta clave para el análisis internacional: ¿cómo quedan las relaciones bilaterales entre Venezuela y China?

El interés de la administración de Donald Trump en el petróleo venezolano se ha reflejado en la negociación de acuerdos para exportar crudo al mercado estadounidense por un valor de hasta 2.000 millones de dólares. Estas operaciones estuvieron orientadas a garantizar el abastecimiento energético de Estados Unidos y a mitigar el impacto del bloqueo sobre las exportaciones venezolanas, incluso mediante la redirección de cargamentos que originalmente tenían como destino el mercado chino.

Ahora bien, si se observa la relación en perspectiva histórica, Venezuela ha mantenido durante años un vínculo estrecho con China, sustentado en acuerdos comerciales, financiamiento y cooperación estratégica. Como resultado de ese entramado, además del petróleo, se consolidó una canasta de exportaciones no petroleras hacia el gigante asiático.

Según datos de UN COMTRADE y Trading Economics, las principales exportaciones no petroleras venezolanas hacia China en 2024 fueron:

Minerales (hierro y otros minerales, escoria y cenizas): casi 290 millones de dólares.

Químicos orgánicos: alrededor de 113 millones de dólares.

Cobre y desechos de cobre: cerca de 88 millones de dólares.

Productos pesqueros (camarones y crustáceos): unos 29 millones de dólares.

Este conjunto de mercancías constituía la porción más relevante del comercio no petrolero bilateral registrado oficialmente.

Sin embargo, el petróleo y sus derivados continúan siendo el pilar estructural del vínculo económico: en 2024 representaron aproximadamente el 66% de las exportaciones venezolanas a China, dominando ampliamente el intercambio comercial. Aunque minerales, químicos, cobre y productos pesqueros forman parte de la canasta exportadora, su peso resulta marginal frente al volumen del crudo.

En este contexto, cabe plantear la pregunta central: ¿cómo quedan estas exportaciones en el nuevo escenario tras los cambios geopolíticos?

La intervención de Estados Unidos ha comenzado a reconfigurar el comercio petrolero venezolano. Con la captura de Maduro y el mayor control estadounidense sobre los flujos de exportación, los envíos de crudo hacia China han quedado condicionados. Empresas como PetroChina han optado por pausar la compra de petróleo venezolano, tanto por las nuevas restricciones como por la mayor competitividad de otros proveedores internacionales.

Este cambio tiene efectos que trascienden al sector energético. La reducción de ingresos petroleros debilita la base financiera que históricamente sostuvo buena parte de la capacidad exportadora venezolana y facilitó acuerdos comerciales más amplios. En consecuencia, la menor disponibilidad de divisas podría afectar también la continuidad y expansión de las exportaciones no petroleras.

Desde una perspectiva comercial, esta nueva estructura limita el volumen de exportaciones hacia China y amenaza con erosionar la liquidez externa de Venezuela, condicionando su capacidad para sostener relaciones comerciales diversificadas.

Al mismo tiempo, la dependencia histórica del crudo como principal activo de intercambio deja en evidencia la vulnerabilidad estructural del modelo venezolano y empuja a China a diversificar sus fuentes de abastecimiento energético o a renegociar los términos de su vínculo financiero con Caracas.

De acuerdo con diversos análisis internacionales, estas medidas estadounidenses no se limitan al objetivo de promover un cambio de régimen en Venezuela. También constituyen una señal dirigida a otros actores globales, particularmente China y Rusia, respecto de la voluntad de Washington de ejercer control e influencia sobre la política energética y estratégica en América Latina.

Pamela Evangelina Rosacha