Las tentaciones financieras en épocas de ajuste y el costo financiero

Lic. Cristian Podestá

1/6/20262 min read

Finanzas en un contexto de estabilización macro

La pregunta: ̶ ¿concentro el problema financiero en una sola bolsa y lo tapo con un solo crédito con garantía hipotecaria más largo y más barato?

̶ ¡No!. No hagas eso.

Así se podría resumir una consulta que recibimos recurrentemente. Es una condición del contexto que afectó y afecta a muchos empresarios. Hoy se muestra más agresiva y peligrosa. Ante la baja en ventas y las altas tasas, tratan de pasar del giro en descubierto o del descuento de cheques hacia el crédito hipotecario a tasas más accesibles. Un arbitraje que busca subsanar el rojo.

Recordemos (sin torturarnos): En términos globales, un problema financiero es síntoma de un desajuste comercial previo. No tiene escapatoria. No es nada misterioso. El bolsillo es uno solo.

Y, generalizando, las ventas de bienes transables y de servicios vienen en baja. Así que, con empresas transitando esa realidad en diferentes estadios, lo más probable es que surja esa consulta: “¿aunque sea hasta que pase la tormenta?”

Ya lo vimos. Ese capítulo de la serie “Ciclos” lo vimos un montón de veces.

Ahora se secó más demanda. Compran menos, menos veces. No alcanza frenar a seco el área de producción unos días al mes. Y así se pasó de tener un descubierto en el banco bajo control a vender cheques más seguido. Finalmente -y frente al costo financiero- se configura la pregunta: ¿hipotecario mata descubierto?

Y si… lo mata. Tomar mayores montos a menores tasas siempre seduce. En el corto vale. Y luego, esperar el regreso de los consumidores. Pero no pasa. Eso no pasa. Lo que pasan son los meses y lo que se abulta es la bola de nieve. Menos ventas, menos flujo, más pasivo que se suma al saldo a cubrir con el banco.

Salidas fáciles no hay. Si modifican las reglas del juego en el universo cambiario, devalúan y lo anclan y alguna ventaja competitiva se obtuviera, sería de corto plazo. Luego se ajusta el costo de los insumos y deja las cuentas igual, a la postre, el sector de bienes transables queda asociado al grupo de los maldecidos devaluadores, como siempre.

Ya tuvimos la moneda firmemente atada al dólar. La inercia inflacionaria empujó al alza los precios en dólares, la demanda interna se debilitó. El proceso de desinflación redundó en un reacomodamiento de precios, pero las tasas de interés quedaron altas. La relación entre monedas, la brecha cambiaria y el ancla (sendero-tablita-canal) incorpora el riesgo cambio; o sea, digamos: dentro de la brecha de esa relación se cuela una taimada desconfianza en el peso. No hay anclajes, senderos o tablitas que alcancen para las tasas. Crédito salió del grupo.

Después viene el momento en cual los activos pueden desvalorizarse. También corre ese riesgo un colateral inmobiliario. En ese contexto, quizá nada habría cambiado de acceder al crédito con ese activo. Mejor no. En lugar de seguir como venimos, revisemos si amerita un cambio de rumbo. Si gritan las finanzas: ajuste la estrategia.